29.11.05

Gestos

Miradas que se alargan más de lo normal, haciendo que los ojos de uno se pierdan en los de otro, haciendo que el entorno se difumine en un sinsentido de colores, en un caos de sonidos aplacados por la música de tus ojos.

Roces de manos que dejan adivinar cariño, que nadie percibe, pero que para mí significan tenerte más cerca, sentir tu calor y la suavidad de tus manos.

Palabras sueltas que hacen que mi corazón salte en el pecho. Palabras cómplices. Palabras tuyas.

Gestos que no significan nada.

Gestos que lo significan todo.

21.11.05

Consejo de amigo

Valoro mucho que mis amigos me den consejos.

Hay veces que la persona más implicada es la que peor sabe ver las cosas, por eso, cuando alguien cercano da su punto de vista se agradece mucho.

Pero hay un punto malo, un punto que a mí me pone bastante nerviosa y me saca de quicio.

Me gusta que alguien me aconseje, me dé su punto de vista, su opinión... pero basado en unos motivos, en unos porqués.

Cuando el consejo consiste en:
- No deberías hacer [rellenar con una situación].
- ¿Por qué?
- Porque no.
- Pero en algo te basarás, ¿no?
- Sí, tú hazme caso, no deberías hacerlo.

A mí este tipo de situación me deja intranquila. Él sabe algo que yo no sé, algo que no sé ver. ¿Y qué he conseguido? Quedarme con la misma información que tenía pero más intranquila.

Así que por favor, amigos del mundo. Aconsejad a la gente a la que apreciais, darles vuestro punto de vista, pero por favor, el "porque sí" y el "porque no" dejadlo aparte. Si no vais a dar argumentos es mejor no meterse.

13.11.05

La tortura

Tenía la retina seca ya por la luz que me apuntaba directamente a los ojos. Gruesos lagrimones resbalaban por mis mejillas, la mitad de ellos producidos por la maldita luz, la otra mitad por el dolor que me producían las heridas que esos hijos de puta me habían hecho.

No sabría calcular cuánto tiempo estuve en aquella habitación. No había ni una miserable ventana que me diera una pista de la hora que era.

Los guardias cambiaban cada poco tiempo. Un bonito desfile de uniformes que apreciaría mejor en otras circunstancias, sin duda. El que no se iba era el cabrón de bigote. Un tipo gordo y maloliente que se presentó como el Comandante Perez Nieto.

Al principio hasta parecía majete. Llegó con una sonrisa de oreja a oreja y se sentó en la otra silla de la habitación, mirándome fijamente.

La verdad es que yo todavía no sabía qué hacía allí. Estaba en el parque cuando empezaron a sonar las sirenas. Todo el mundo empezó a correr y yo me quedé allí con cara de pánfila, sin saber qué hacer. Entonces fue cuando los amables agentes me pusieron las esposas y me metieron en el coche patrulla a base de amables puntapiés.

Y allí estaba yo, muerta de sueño, de miedo y de rabia mirando la cara sudorosa de mi apuesto Comandante. La ironía y la blasfemia eran tácticas que no me habían servido para nada, sólo para irritarle más, así que ahora había optado por el silencio.

Con el labio partido y la sangre resbalando por mi cara, yo le miraba. Resoplando y limpiándose el sudor con un pañuelo sucio, él me miraba a mí.

Me dolía el estómago por los puñetazos y las espalda por las patadas, y lo que es peor, me dolía el alma por mi orgullo herido, por la impotencia y el desconcierto.

Cuando llegó el siguiente turno de guardia vi que el Comandante se levantaba, remangándose la camisa. Tuve miedo. No quería más golpes.

Y entonces empecé a confesar...

6.11.05

Vivir sin fé

El que tiene fé es un optimista.

Pasar tu vida confiando en que un "algo" o un "alguien" interfiera en ella de manera positiva es una idea tan romántica...

Esto viene a cuento porque hoy me he acordado de mis abuelas. La frase que más repiten cualquiera de ellas es "Si Dios quiere", o la otra que tambinén me gusta bastante: "Con la ayuda de Dios"... y mi favorita: "Gracias a Dios".

Claro, luego llega su nieta, la hereje, y les dice: "Será si quieres tú" o "Será con tu trabajo, tu esfuerzo y tu sacrificio". Y me miran mal. Menean la cabeza diciendo para sus adentros "¿En qué nos hemos equivocado con ella?".

¡Cojones! Es que no lo entiendo. Durante toda su vida han trabajado como burras, pasado mil penurias, ganado cada centímetro de lo que tienen con el sudor de su frente, pero aún así se lo agradecen a un ente invisible.

Vale, ellas son felices pensando que Dios las ayuda en cada paso que dan, pensando que cuando entran en el quirófano no es la labor de los cirujanos la que las salva, sino la mano invisible de su dios. Se sienten protegidas, pero viven engañadas.

La vida del no creyente es mucho más solitaria. No tiene a nadie a quien recurrir en momentos de soledad, desesperación, duda...

Tal vez alguien que crea en Dios o algo similar me pueda aclarar los conceptos, porque de verdad que no lo entiendo.

Bueno, me retiro a hacer algo productivo, porque seguro que no va a venir ningún dios a hacerlo por mí.