24.8.05

Siéntate y escucha


No, no digas nada. Simplemente siéntate en esa silla y escucha.

Hubo un tiempo en que tú y yo éramos amigos, los mejores amigos que existen... o eso pensaba yo. Ahora vuelvo la vista atrás y me doy cuenta de lo equivocada que estaba. Ahora veo los fallos de esa relación de amistad. Me veo a mí misma escuchando tus problemas, riéndote los chistes, abrazándote en los malos momentos... No logro recordar una tarde en la que tú escucharas lo que tenía que decirte. Siempre tenías otras cosas que hacer. ¡Qué casualidad! Justo cuando más necesitaba un amigo tú no estabas. En ese momento no lo sabía ver. Era como la esposa engañada que cierra los ojos para no enfrentarse a la realidad.

En todo este tiempo he cambiado mucho. Sé que lo habitual es que tu personalidad se defina en la adolescencia, junto con tus gustos y muchas otras cosas. Yo lo he hecho más tarde. Siempre he estado a la sombra de alguien, de mis padres, de mis parejas, de amigos... Nunca he sido la que más destaca de un grupo, me dejaba llevar, aceptaba las decisiones de los demás sin rechistar. Para ir al cine los demás escogían la película, para ir a cenar los demás escogían el restaurante, para pasar el rato los demás escogían el juego. Si yo proponía algo a nadie le apetecía, y así era como iba sola al cine a ver esa película que tanto me apetecía, tomaba café sola en la cafetería nueva que a nadie le gustaba y buscaba juegos a los que poder jugar sóla, fue cuando me aficioné a los puzles.

A tí esa persona que era yo te gustaba, te convenía. Con ella, tu "yo" crecía desmedidamente, te sentías importantísimo.

Pero llegó un día en que esa persona gris empezó a dejar de serlo.

Me dí cuenta de que esa vida que tenía no era la que quería. Me volví mas segura de mí misma. Lo que yo decía o pensaba era tan válido como lo que pensaban los demás. Mis hobbies podían ser tan entretenidos como los de cualquier otro. No soy una persona de segunda, no soy "la amiga de", "la novia de", tengo nombre y apellidos.

Cuando empecé a cambiar dejé de gustarte como amiga, ya no era tan fácil convencerme de las cosas. Ahora, si la película que tu escogías no me gustaba, no iba a verla, ibas tú solo. Si algo no me gustaba lo decía. Seguía escuchándote cuando tenías problemas, y tú seguías sin escucharme cuando los tenía yo.

Y fue cuando vi que eso no era amistad, era una sesión con el psicólogo.

Comencé a distanciarme. Encontré a personas que entendían el concepto de amistad, y eso no te gustó. Todavía tuviste el valor de decirme que te había fallado. Yo te había fallado a ti...

Ahora tú tienes a otra persona a la que contar tus problemas, otra persona con la que compartir tus aficiones, otra persona que te escucha. Ahora yo tengo amigos de verdad.

Ahora puedes levantarte de la silla e irte.

20.8.05

Sueños


Hoy has estado conmigo
otra vez, en sueños.
Hablabas en susurros,
compartías, conmigo.
Tumbados en la hierba
disfrutábamos la noche.
Estábamos tan cerca...
físico, mental.
Tenía frío
y me abrazaste.
Mi corazón enloquecía
de alegría.
Y te besé.
Un segundo.
Y te apartaste.
Si hubiese sido antes...
dijiste.
Ahora es tarde.
Demasiado me ata.
Demasiado lo impide.
Y desperté triste.
No te tengo despierta.
No te tengo dormida.
No te tengo.
Y te quiero.

Imagen de Pino

14.8.05

HowTo: Hablar con Dios

¿Sufres? ¿Padeces? ¿Necesitas algo que no puedes conseguir?
¿Estás cansado de rezar a un Dios que te ignora?
No te preocupes, aquí te daremos la solución.

Desde los albores de la humanidad las gentes dirigían sus plegarias a los dioses en busca de respuestas, alivio para sus penas o para solicitar milagros. Pero amigos míos, no todos obtenían lo que buscaban. ¿Quiénes obtenían lo que pedían? Fácil: los que se lo montaban bien y pedían a lo grande.

Ojito, pedir a lo grande no significa pedir cosas al tuntún. Hay que pedir cosas que se necesiten, eso sí, hay que pedirlas con clase y con estilo, que Dios es omnipotente y omnipresente, no es un donnadie cualquiera. Para hablar con un ser de estas características no vale con arrodillarse en pijama a la vera de la cama y hablarle como si estuviéramos con los colegas del barrio. No, no, no.

Lo primero que tenemos que hacer es aprender hebreo. Esto se puede hacer cómodamente en la Escuela Oficial de Idiomas de vuestra localidad. A los que seais universitarios incluso os vale para sacaros créditos de libre elección. Un chollo.

Como iba diciendo, lo primero que hay que hacer es aprender hebreo. Daros cuenta de que aunque Dios comprende todos los idiomas, incluso esos dialectos extraños de la generación del sms, no es cuestión de que se distraiga traduciendo. Hablarle en su idioma nativo facilitará las cosas, ya que estará centrado en la solicitud o plegaria, no en el idioma.
Aseguraros de que os desenvolveis bien hablando hebreo, no os conforméis con las típicas frases que vienen en los fascículos coleccionables. Debéis ser capaces de mantener conversaciones fluidas porque no se trata sólo de recitar frases, puede darse la circunstancia de que Dios os conteste, y deberéis ser capaces de responder. No quedaría bonito que sacaseis el diccionario Español-Hebreo/Hebreo-Español en medio de la charla.

Una vez solucionado el primer punto vamos a los siguientes.

El aspecto físico tiene que ser estudiado cuidadosamente. Lo más apropiado sería que consiguiérais una túnica cotrosa y un bastón de madera a juego. Si alguno se ha disfrazado de Gandalf alguna vez ya le vale con eso. Como bastón podría servir el que habéis usado al hacer el Camino de Santiago, esto además os dará puntos a favor.

No es necesario que vayais limpios y afeitados, de hecho, si podéis llevar una barba hasta el hombligo y unos greñotes bien cardados causaréis mejor impresión. No se sabe por qué es, pero Dios suele hacer más caso a la gente que va con estas pintas. Supongo que un ser tan poderoso como él puede permitirse estas excentricidades.

Para dirigiros a Dios no vale con vuestra casa, eso es demasiado cutre. Lo más apropiado es que escojais un monte sin árboles, cuanto más desértico, rocoso y difícil de subir sea, mejor, y si está a más de 10 Km de vuestra casa, mejor que mejor. No vale ir en coche, ir andando es obligatorio, tened en cuenta que la impresión que queréis dar es la de alguien desesperado por conseguir lo que pide, alguien que está dispuesto a sacrificarse.

Y hablando de sacrificios... Llegamos a otra parte importante. No podeis presentaros con las manos vacías.

Construid en la cima del monte que hayais escogido un altar grande y cómodo. Escribid en el suelo frases como "Dios es grande", "Dios es justo" y cosas similares. Todo es poco a la hora de alimentar el ego de este ser.

Y ahora atentos. Dependiendo de lo que querais pedir debéis escoger un sacrificio. Lo que más se valora es el hijo primogénito, si no teneis ninguno pedidlo prestado. A continuación están los carneros, las vacas, las ovejas, las gallinas... me vais siguiendo, ¿no?
No os vayais a confundir y sacrifiquéis a una virgen, que eso es para pedir cosas a la otra parte, vender tu alma y rollos similares.

Alguno se preguntará: "¿No tendré problemas con la policía si sacrifico a personas humanas?". La respuesta es no. Si algún policía insensato os pide explicaciones enseñadle las partes de la biblia que consideréis oportunas y todo quedará solucionado. Si no atiende a razones plantearos la idea de hacer otro sacrificio.

Vamos a repasar. Vestidos con túnica, sucios y con la barba y el pelo largo, viajaréis hasta el monte desértico a pie acompañados por vuestro primogénito. Una vez allí tumbaréis a vuestro hijo en el altar y comenzaréis a invocar el nombre de Dios en hebreo con respeto y veneración. Una vez que hayais planteado vuestra petición levantad un cuchillo sobre la cabeza del sacrificio y clavadlo con decisión en el pecho.

Si lo habéis hecho todo correctamente no tardareis en recibir la recompensa. Mirad a vuestro alrededor por si hay alguna mata en llamas o algún ojo en el cielo, si es así vais a tener la suerte de hablar con Dios, si por el contrario no veis nada, simplemente se os ha concedido lo que pediais.

Un apunte más. Todo este preoceso sólo sirve para hombres. En el caso de las mujeres, con ser ramera o virgen ya tenéis el favor de Dios.

Que lo recéis bien.

12.8.05

Me gusta

Tienes los ojos marrones. Los miro y me pierdo en esa oscuridad llena de secretos. Y me gusta.
Tus labios son carnosos. Me imagino que me besas y me estremezco. Y me gusta.
Tu cuello es ancho. Tienes un lunar que me atrae profundamente. Y me gusta.
Tienes las manos grandes y suaves. En mis fantasías me acaricias con dulzura. Y me gusta.
Tu espalda es ancha. Si te veo de espaldas tengo que aguantar el impulso de abrazarte. Y me gusta.
Tu culo es espectacular. Cuando te pones esos pantalones eres una tentación para la vista. Y me gusta.
Tienes una voz hipnotizadora. Estaría escuchándote horas y horas. Y me gusta.
Pienso en ti continuamente, en tus gestos, tu mirada, tus bromas... y cuanto más pienso en ti más consciente soy de que no tengo nada que hacer contigo.
Es un amor imposible... y no me gusta.

9.8.05

Bruce Bolardo

Hola, me llamo Bruce, Bruce Bolardo, pero sólo desde ayer. Me explicaré.


Ayer fue un día un poco complicado para mí, digamos que no fue el mejor de mi vida.

Vivía con mi madre y algunos de mis hermanos en una casa en el campo. En la casa también viven algunas personas, pero todos convivíamos pacíficamente. Me pasaba los días recorriendo la casa, subiéndome al tejado, peleando con mis hermanos... vamos, lo normal.

Ayer, una de las personas que viven en la casa me arrinconó en un pasillo y me metió en una caja. Es una cosa que yo no comprendí muy bien, si era un juego no me divertí nadita. A mi madre tampoco le hizo gracia el juego y arañó a la humana en las piernas y en el culo... eso sí fue gracioso.

Mi mamá tiene muy mal genio. Yo tenía miedo de que me castigara, porque estaba enfadadísima.

La cosa fue que me metieron en una caja y nos fuimos de viaje. Cuando nos alejábamos yo la escuchaba decir: "¡¡Vuelve para cenar!!"

Después de un rato de viajar en esa cosa que llaman coche nos paramos en un sitio muy raro que no se parecía en nada a mi casa. Allí estaba esperándonos una señora muy rara que me llamó Bruce nada más llegar. Yo tenía un poco de miedo, así que estaba muy calladito en un rincón de la caja.

La señora nueva se llama mami Paula, o eso dice ella. Iba acompañada de otro señor que se llama papi Iago. Desde luego, que nombres más raros se ponen estos humanos...

Estos dos señores me metieron en una caja mucho más cómoda y más grande, con cojines y todo, y me montaron en otro coche. Paramos en un sitio donde había muchos animales metidos en cajas como la mía.

Después de esperar un rato en un sitio con muchas sillas una señora llegó diciendo "¡Bruce!". Ya no me acordaba de que me habían llamado así.

Esta señora dijo que tenían que pesarme. Resulta que peso 1,1 Kg. Y me llamaron gordito. Indignante... con el cuerpo serrano que tengo... La señora me estuvo examinando mucho rato. Me daba vueltas hacia un lado y hacia otro, me tocaba la barriga, me miraba las orejas... ¡qué señora más pesada! Luego me dio una pastilla que sabía fatal y me metió de nuevo en la caja.
Ahora tengo una cosa que se llama cartilla médica. Mami Paula, papi Iago y ella estuvieron hablando algo de una vacuna el martes que viene. No sé que es eso pero no suena nada bien.

Y volvimos a la casa nueva. Yo seguía calladito en un rincón.

A media tarde vinieron dos señores más que parece ser que se llaman tito Raúl y tito Gus. La verdad es que fueron muy amables conmigo. El tito Gus fue el que me puso el segundo nombre, Bolardo. Dijo que era como si estuviera allí puesto por el ayuntamiento. No sé qué quiere decir eso, pero creo que lo decía porque no me movía mucho. Esta gente es muy rara.

Después de presentarme a tito Raúl y a tito Gus se fueron todos. Por fin tenía un ratito de intimidad. Aproveché para explorar un poco el sitio sin molestias.

Cuando volvieron ya no estaba con ellos el tito Raúl, ahora venía uno nuevo que se llama tito Alberto. Les escuché decir que el tito Alberto tiene en su casa a la que va a ser mi novia. Ya tengo ganas de conocerla, porque dijeron que era muy guapa y nosequé de un celo.

Todos los humanos se fueron a una habitación a mirar una cosa cuadrada por la que salían más personas, a beber una cosa amarilla que se llama cerveza y a echar humo por la boca.

En este punto yo estaba algo preocupado porque mi madre me había dicho que volviese para cenar y ya se me estaba haciendo tarde. Empecé a hablar un poquito a ver si así se daban cuenta de que me tenía que ir, pero no tuve éxito.

De vez en cuando me venían a buscar y me sentaban con ellos. Me daban muchas caricias y me prestaban mucha atención, pero yo seguía pensando en mi madre.

Cuando se fueron tito Gus y tito Alberto, la gente que quedaba se metió en unas habitaciones que yo no había visto todavía y cerraron los ojos. Iban a dormir.

Yo estaba indignadísimo. ¡Me tenía que ir con mi mamá! Decidí que lo mejor que podía hacer era hablar hasta que me llevaran a mi casa, y eso hice. Paseé por toda la casa hablando, protestando y gritando. Menudo soy yo.

Miau miau miau. Encontraba un escondite. Miau miau miau. Otro escondite. Miau miau miau... Y así toda la noche.

Creo que no me van a llevar a mi casa otra vez. Supongo que esta va a ser mi casa nueva.

Ahora me tengo que despedir porque me van a peinar, pero si puedo os seguiré contando cómo me va en mi casa nueva.

Miau.


Este soy yo en mi rinconcito.


En los brazos de tito Raúl.


Entre las piernas del tito Gus.


Explorando al tito Alberto.

1.8.05

Se busca

He estado intentando hacer mi retrato robot. De los tres que he hecho, creo que el que más se parece a mí es este.
Mi pelo es liso, y habitualmente lo llevo recogido, pero esa opción no la había. Por el resto... los que me conoceis ya me direis qué tal lo he hecho.

Made here.