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31.7.05

Relato de vampiros

Aquí os dejo el relato que hemos estado haciendo Fuz Neviros y yo. Os dejo los enlaces a cada capítulo para que no os de mucho trabajo, vaguetes.

1. A veces los paseos no terminan como tú te esperabas.
2. La noche de los tuertos vivientes.
3. Compañía, sólo compañía.
4. Desde el recuerdo.
5. Cuando termina un episodio de tu vida es porque otro está empezando.
6. Somnio.
7. Quinto piso.
8. Al final.

Mordiscos para todos.

27.7.05

Quinto piso (VII)

Séptima parte de las nuevas Crónicas vampíricas.
La sexta, el el blog de Fuz Neviros.


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Cuando entré en el portal, miles de preguntas atormentaban mi cabeza. ¿Estaría él? ¿Estaría con ella? ?Qué le iba a decir?

Pulsé el botón del ascensor y me metí dentro ensimismada, cabizbaja, dándole vueltas a lo que había sido mi vida. Estaba asustada. Había cambiado tanto en tan poco tiempo...
Tan ida estaba que no vi al desconocido que entró conmigo en el ascensor. Me miraba como embobado. Seguramente me habría hablado sin que me diera cuenta. Estaba quedando como una estúpida.

Era un chico joven y, por qué no decirlo, bastante atractivo. Estaba segura de no haberle visto nunca, sin embargo, sus rasgos me resultaban muy conocidos.

Primero... segundo...

El joven desconocido comenzó a acercarse a mí. Suave pero firmemente, me agarró por la cintura y se inclinó con la clara intención de besarme.

Tercero... cuarto...

No supe reaccionar. Sus labios se posaron en los míos. Estaba tan sorprendida que no era capaz de hacer nada. No podía separarme de él. Era como si mi mente no me perteneciera, como si me hubiese hipnotizado.

Y quinto.

Las puertas del ascensor se abrieron.

- Caramba, veo que no has tardado mucho en encontrar a alguien que te consuele.

Reconocí la voz y eso hizo que el hechizo se rompiese. Me separé bruscamente del desconocido y salí del ascensor, el chico salió también.

Allí estaba él, sonriendo de esa manera tan característica, como si estuviese por encima del mundo. Levaba el traje gris que le había regalado por su cumpleaños. Creía recordar que le quedaba mejor... más flojo. A su lado estaba ella. Minifalda y escote, como era habitual en ella. Su verdadera cara sepultada bajo una tonelada de maquillaje. Que vida tan absurda, a mí siempre me decía que las chicas estaban mucho más guapas sin maquillar.

Y allí estábamos los cuatro. Mi ex, su nueva novia, el desconocido que me acababa de besar y yo.

Quería decirle muchas cosas, gritarle, echarle en cara lo cerdo que había sido, llorar... quería desahogarme de alguna manera, expulsar de mi cuerpo la pena que me atormentaba. Pero no podía. Allí estaba yo, paralizada, mirándoles mientras se reían de mí.

Y luego no puedo explicar muy bien lo que sucedió. Dos figuras vestidas de negro surgieron de no sé dónde a una velocidad increíble. Vi que se acercaban a mi ex y su novia, que les abrazaban o besaban el cuello... No sé realmente lo que ví.

Tras unos segundos que parecieron horas los dos cuerpos se desplomaron sin vida en el suelo. Las figuras de negro se giraron...

- Hola primo -saludó Arianna al desconocido

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Y ahora que están todos reunidos lo dejo en tus manos Fuz.

22.7.05

Teletubbies

¿Recordais Barrio Sésamo?

Barrio Sésamo es la serie con la que nos criamos miles y miles de niños.
La acción se situaba en un tranquilo barrio, en el que transcurrían las vidas de una serie de personas, animales (Espinete) y cosas (don Pimpón). Allí todo el mundo se llevaba bien, tenían pequeños problemas, pero los solucionaban de una manera pacífica y civilizada.
Luego estaba la parte educativa, cerca y lejos, los números, grande y pequeño...

Eso era un programa para niños, sí señor.

¿Y qué tenemos ahora? Los Teletubbies.


Los Teletubbies son cuatro engendros de la naturaleza con comportamientos infantiles.
Viven en un mundo ideado por un consumidor habitual de estupefacientes en el que el sol tiene la cara de un niño, y el paisaje parece sacado de la decoración de la furgoneta de un hippie.
Estos cuatro bichos tienen como meta en la vida levantarse, comer, jugar en el prado, proyectar cosas con su barriga subrealista, darse abrazos y volverse a dormir. ¡Qué vida más plena!
Y los nombres... eso ya es un tema a parte. Yo me imagino a los perpetradores de esta serie con un fumadón de escándalo ultimando los detalles:

- Bueno, ¿y cómo los llamamos?
- Tripi Wiski
- ¡¡Jaaaa jaaaaa jaaaaaa!! Que bueno, tío, yo me parto, pero mejor algo más suave, Tinki Winki o algo así.
- Venga, va, otro más....



Y así hasta bautizar a los cuatro enviados de Satán.

Y por último, algo que me atormenta. ¿Por qué esa obsesión con repetirlo todo? La misma acción la repiten los cuatro monstruos mientras el narrador nos la cuenta cuatro aburridas veces, el video que sale de sus barrigas lo ponen dos veces, cuando se van a la cama se despiden dos veces... ¿Por qué? Un misterio más.

Así que a mí que no me vengan con flautas, los Teletubbies no son un programa infantil. Generan violencia, ganas de matar y psicopatías varias. He dicho.

Ale, un "abaso".

P.D. Post dedicado a Jake.

19.7.05

Cuando termina un episodio de tu vida es porque otro está empezando (V)

Quinta parte de la historia que Fuz Neviros y yo estamos haciendo.

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Son gente muy rara. Me acogen en su casa porque sí, sin pedir nada a cambio. De ellos mana un cariño extraño. Son como niños que nunca han conocido el amor, en esencia buenos, deseando querer pero sin saber cómo hacerlo.

Sé que me quedé dormida en su sofá envuelta en una manta. Había sido una noche dura para mí. Ellos me encontraron llorando en un callejón y me abrieron los brazos y la puerta de su casa. Me velaron casi toda la noche, estuvieron conmigo y eso me hizo sentir mejor.

Cuando desperté era ya de día. No había rastro de ellos en la casa. Los llamé mientras recorría las habitaciones, pero nadie me respondía. Seguramente estarían trabajando.

Parecía que se acabasen de mudar. La casa estaba muy vacía, con muy pocos muebles. Las típicas cosas que dan personalidad a una casa, como las fotos, los libros o simplemente el olor característico, brillaban por su ausencia.

Me senté en un pequeño taburete mientras pensaba en mi vida. No quería volver a casa, pero había cosas que tenía que solucionar. Quería recuperar mis cosas... y había alguien con quien tenía que hablar.

Era casi hora de comer cuando salí a la calle. Vi que estaba en una zona bastante apartada de la ciudad, tendría que caminar un buen trecho. El frío de enero me golpeó en la cara. Me encogí dentro de la chaqueta y comencé a caminar.

No me gusta mucho el frío, pero a pesar de eso encontré que el día era muy hermoso. El sol luchaba por salir de detrás de unas nubes de tormenta. Apenas había viento, tan sólo una pequeña brisa que agitaba mi melena.

A medida que me acercaba a mi destino mi paso se hacía más lento. Ahora llegaría, abriría la puerta, y ¿qué sería lo que me encontraría?

Nerviosa, me detuve en el portal. Me senté en el escalón y encendí un cigarrillo. Algún día tendría que hacerlo. Cuanto antes mejor. Cuanto más me demorara más tardaría en empezar mi nueva vida. Cuanto más retrasara el momento peor para mí.

Sin darme cuenta había dejado pasar las horas y eran casi las siete de la tarde.

Así que me puse en pie, apagué la colilla y entré en la casa donde había vivido estos últimos meses.

18.7.05

María del Mar, devuélveme lo que es mío

La Xunta de Galicia ofrece unas bolsas de alquiler que no están nada mal. Si te haces con una el alquiler del piso te sale por muy buen precio, y compartiendo piso se divide y... bueno, te ahorras una pasta.

Para solicitarla hay que hacer una serie de papeleos en la Seguridad Social, la Agencia Tributaria, etc. Eso es lo que he estado haciendo esta mañana.

Tengo los pies molidos del recorrido turístico que me he hecho por Ourense, pero eso no es lo que os quería contar.

Cuando he ido a la Agencia Tributaria me han pedido el D.N.I., que todos sabemos lo que es, ese documento que es unico para cada persona, que tiene un número que no se repite y una letra que es el resultado de hacer una serie de operaciones sobre el número anterior.

Bien, pues cuando les he dado mi D.N.I. y ellos lo han metido en el ordenador veo aparecer en la pantalla mis datos. Resulta que ahora me llamo María del Mar y vivo en Navarra.

La cara que se me ha quedado era para hacerle una foto. Yo no sabía si reir, llorar, ponerme violenta. Al final la opción fue abrir mucho la boca y repetir "¿Qué me estás contando?".

Me mandaron a la comisaría a ver qué me decían allí. Yo no sé cómo es la cola de los D.N.I.s en vuestras ciudades respectivas, pero suele tener una tamaño respetable, así que con los pies molidos me he puesto en la cola. Y total... para que cuando me tocara el turno me despecharan con un: "Eso es problema suyo, lo han metido mal".

Así que he tenido que desandar el camino. Llego otra vez y entre todos deciden que lo que van a hacer es modificar los datos de la otra persona (lo siento María del Mar, haber elegido muerte...), y cuando están por la mitad del proceso se dan cuenta de que no lo pueden hacer, que claro, yo soy de otra ciudad y tengo que hacerlo allí.

Así que ahora lo que me queda es irme a Lugo y repetir el proceso, por lo menos ahora ya sé lo que me espera...

Si es que me cago en la administración.

13.7.05

Compañía, sólo compañía (III)

Me ha gustado mucho la idea que ha propuesto Fuz Neviros de hacer una historia compartida, así que aquí dejo el capítulo III.

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La hemos traído a nuestra casa. La pobrecilla está muerta de frío, así que le hemos dado unas mantas y le hemos conseguido comida.

Se llama Gloria. Es lo único que sabemos de ella. Se niega a contarnos nada más, y lo único que percibimos es que su dolor lo provoca un hombre.

Acurrucada en el sofá nos mira. Nosotros permanecemos a su lado en el sofá vecino.

- ¿Quiénes sois?, - pregunta con timidez.

Su voz es bonita, muy dulce y musical. Acaricia los oídos. Permanece atenta a nuestros rostros mientras el silencio, que comienza a ser largo, envuelve la estancia.

- Arianna...
- ...y Nythan.
- Sólo somos gente que cree que necesitas ayuda y está dispuesta a dártela.
Por un momento sonríe irónicamente.
- ¿Y cómo se supone que vais a ayudarme? No sabeis quién soy, ni de dónde vengo. No sabeis nada de mi vida. Me habeis encontrado en la calle y me habeis traído a este lugar, - recorre la estancia con los ojos percatándose de que no parece un sitio habitado. - Como a un perro abandonado. No vais ayudarme dándome unas mantas y comida.
- Pero te daremos compañía, -dice Nythan levántandose y caminado lentamente por el cuarto. - Necesitas a alguien que te comprenda, que esté a tu lado, alguien con el que poder hablar y al que pedir consejo. Creo que nosotros somos ese alguien.

No dice nada. Mira a Nythan mientras sus ojos se llenan de lágrimas una vez más. Llora amargamente durante un largo rato hecha un ovillo en el sofá... y se queda dormida.


Naythan la contempla mientras las dudas van surgiendo.
- ¿Crees que hemos hecho bien?
- No lo sé, el tiempo lo dirá. Nosotros necesitábamos compañía y ella también. ¿Por qué no dárnosla mutuamente?

Apagamos la luz y salimos de nuevo a la calle. Falta poco para que amanezca y todavía no hemos comido nada.

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Ahora es tu turno Fuz, a ver con qué nos sorprendes ;)

12.7.05

A veces los paseos no terminan como tú te esperabas (I)

Levanto la tapa del ataud como cada anochecer. Los últimos rayos de sol se han apagado hace unos instantes, deslizándose suavemente por las colinas nevadas que se ven a lo lejos.


Me incorporo lentamente, disfrutando del momento. El tráfico nocturno rompe el silencio de la noche. Noche de viernes. Una sirena suena a lo lejos.

Oigo un ruido a mi lado. Es él, que se ha despertado. Mi compañero, mi luz en la oscuridad, mi vida en la muerte. Se levanta de su ataud y se acerca a mí, lentamente, con la elegancia que siempre le ha caracterizado. La ventana abierta hace que su túnica negra ondee pegada a su cuerpo, acariciando sus músculos muertos y llenos de vida.


- Buenas noches querida, ¿tienes hambre?
- Mucha, - le digo mientras sonrío.

Han sido doscientos treinta años con él, y todas y cada una de las noches han empezado de la misma forma.

Las noches de viernes son de las que más me gustan. Los jóvenes se lanzan a la calle, inundan los locales con sus risas y sus bailes. Es el día en el que todos se olvidan de sus problemas, de sus trabajos y estudios. El día que se despreocupan. El día en que menos esperan encontrarse con la muerte.

Él va vestido con un elegante traje negro, camisa negra, corbata negra. Lleva su largo pelo liso sujeto en la nuca. Unas gafas oscuras y de cristales redondos ocultan sus ojos fríos. Yo he preferido un vestido de gasa negra hasta los pies, botas de media caña y un abrigo de piel. Todo negro. Personas oscuras, vidas oscuras, ropa oscura.


La vida nocturna de la ciudad está despertando todavía. Por las calles se mezclan los que vuelven con los que van, caras cansadas se cruzan con caras expectantes. Sin prisa paseamos, mezclándonos con la gente, oliendo, escuchando, mirando... viviendo.

El reloj de la vieja catedral marca las doce. Nosotros seguimos con nuestro paseo en silencio. No hacen falta palabras, yo leo en su mente y él en la mía.

Nos envuelve la música que escapa de las puertas abiertas de los locales, mezclándose en un sinsentido que nos envuelve.

Él se detiene. Yo también lo he oído. Llanto. Alguien llora desconsoladamente no muy lejos de allí. Esquivando a la gente nos dirigimos al callejón donde está la persona que llora. Allí, acurrucada en el suelo, los brazos rodeando las rodillas y la cara hundida entre ellos, está una chica, no mayor de veinte años. De su corazón sale una pena infinita, de sus ojos manan las lágrimas. Su pelo castaño está revuelto y sucio. Realmente es una imagen que inspira ternura.

Mi compañero se acerca y posa una mano sobre su cabeza. Sobresaltada, levanta la cabeza y nos ve. No se aprecia miedo en ella, sólo curiosidad. Le tiendo mi mano. Duda... pero la acepta. Su mano es suave, cálida, casi infantil. Y la abrazo, lentamente, intentando calmar su dolor. Ella no ofrece resistencia, tal vez un abrazo es lo que lleva esperando toda la noche.

Miro a mi compañero. No me hace falta preguntarle, sé lo que piensa, exactamente lo mismo que yo. Y el paseo que empezaron dos, son tres los que lo terminan.

7.7.05

Luis Serrano

Navegando por esta red de redes llamada Internet me he encontrado la página de un artista increíble. Me han gustado sobre todo los retratos a lápiz de actores.
Aquí os dejo alguna muestra.


























Para ver más trabajos visitad la página de Luis Serrano.

3.7.05

Máscaras e ideas


Todo el mundo dice, llama mi atención,
que una máscara oculta mi apariencia.
Es algo que con total inconsciencia
esconde a todos mi yo, mi corazón.

Se me ocurre que es sin premeditación.
Se me ocurre que es algo sin ciencia.
Mi máscara nació con la vivencia.
Mi máscara es sólo mi protección.

Todos vivimos con algún secreto.
Siempre tenemos algo que ocultar.
Si tú lo tuvieres yo lo respeto.

¿Alguien que esconde no es de fiar?
Para ti que escondes va este soneto,
que llevar máscara no es engañar.

1.7.05

Pequeños placeres: Dormir

Dormir es un placer infinito.

Te tiendes en la cama, notas las sábanas limpias contra tu piel, el calor de la almohada contra la cara, la seguridad que te brinda sin saber por qué.

Cierras los ojos, con calma, relajando tu respiración. Vienen a tu cabeza las imágenes del día, en un orden caótico que curiosamente les da sentido. Piensas en las conversaciones, en los actos, en todo. Y mientas lo vas pensando las penas parecen menos terribles y las alegrías parecen más satisfactorias.

¿Qué necesitas reflexionar sobre algo? Es el mejor momento. Cuando todo está tranquilo, cuando la oscuridad te acaricia y la noche te mece.

Las mejores ideas se me ocurren en la cama, cuando estoy serena, cuando no oigo nada más que mi respiración, cuando las luces furtivas se cuelan por mi ventana dando vida a objetos que no la tienen y creando un ambiente de fantasía.

Me gusta dormirme en medio de una tormenta, cuando mi cama parece el único sitio sereno sobre la tierra. Cuando oigo la lluvia golpear el cristal y yo estoy acurrucada bajo la manta. Cuando veo los relámpagos rasgando el cielo, los truenos rompiendo el silencio de la noche, mi silencio de la noche.

Soy capaz de provocar sueños. Sólo hace falta que me imagine el principio y la película avanza al ritmo del sueño. El final nunca lo controlo, pero eso me gusta, la sorpresa. Da lo mismo si termina bien o mal, es mi película y me encanta.

Me gusta despertarme por la mañana y, sin abrir los ojos, notar la luz. No me gusta dormir con la persiana bajada, necesito que la claridad me dé la bienvenida a un nuevo día. Si es un día de verano será luz clara, sol, calor; si es invierno será un día oscuro, lluvioso, frío. Siempre será un día diferente.

Me gusta dormir, me gusta disfrutar del momento previo a dormir, me gusta despertar y remolonear esos cinco minutos más.

Dormir es un pequeño placer.